Estrategias y libros para gestionar el enfado

Todos nos enfadamos alguna vez; los niños, también. La rabia es una emoción más que experimentamos cuando creemos que se nos trata injustamente. En realidad, es un modo de defensa que nos reafirma para que nadie se aproveche de nosotros. El problema no es enfadarse, sino cómo se maneja y sus consecuencias en el comportamiento, especialmente entre niños y adolescentes, quienes no saben aún cómo gestionarlo. De ahí la necesidad de poner límites y enseñarles cómo resolver los conflictos que se presenten sin caer en agresiones físicas o verbales.

El enfado puede tener un origen interno (preocupación, frustración, vergüenza, tristeza…) o un origen externo como respuesta a la acción de alguien en su contra. Desde la primera infancia, los niños necesitan aprender a controlar sus impulsos cuando se enfadan. Esto se consigue principalmente a través del lenguaje, verbalizando lo que sienten. Según crecen, les será más fácil al adquirir empatía y entender cómo se sienten los demás en situaciones similares, además de trabajar la tolerancia a la frustración: la baja tolerancia lleva asociada la falta de control de las emociones y la impulsividad.

 

Estrategias frente al enfado

  • Dar ejemplo: Los padres son el espejo en el que los más pequeños se miran. Si solucionan los conflictos de manera controlada y empática, estarán enseñando el camino a seguir.
  • Escuchar para ayudar.
  • Validación: Poner nombre a su emoción junto a la causa, si se sabe: «Estás enfadado porque…». Esto le ayudará a identificar lo que le pasa y tomar conciencia del motivo.
  • Empatía: El enfado no puede impedirse, es algo natural. Debemos aceptarlo y respetarlo, a la vez que se comparten los propios sentimientos.
  • Poner límites: La emoción del enfado se acepta, un comportamiento agresivo verbal o físico, no.
  • Reforzar la autoestima: Valorar su esfuerzo y sus logros del día a día y felicitarle por ellos, especialmente cuando se trata de contener la rabia.
  • Buenos hábitos: Un niño feliz necesita buenos hábitos frente al estrés: dormir bien, buena alimentación, hacer deporte, adquirir aficiones, jugar, leer, escuchar música, etc.

 

3 actividades para enseñar autocontrol

El semáforo: Le contamos qué es el autocontrol, por ejemplo, no enfadarse cuando apagamos la tele o la consola. Proponemos jugar para medir su autocontrol fabricando un semáforo con cartulina. Cuando lo haya acabado, le explicamos el significado de cada color y cómo van a medir su comportamiento. Cuando señalemos la luz roja significa que está fuera de control por la rabia y debe parar. La luz amarilla le indicará que ha de pensar qué sucede, por qué se siente así y cómo superarlo. Por último, la luz verde dirá que, tras parar y pensar, puede expresarse sin perder el control y seguir adelante.

El globo: Usamos como analogía un globo que se infla más y más al enfadarnos. Le hacemos ver que si seguimos soplando, el globo acabará por explotar y no es lo que queremos, ya que haría un ruido desagradable y perderíamos el globo para jugar. Por eso, debe aprender a darse cuenta cuándo está a punto de explotar y controlarse. ¿Cómo? Por ejemplo, con respiraciones profundas.

Leer un cuento: Cuentos y libros son un aliado estupendo para trabajar las emociones desde la primera infancia. Los niños se ven reflejados en los personajes protagonistas y en las situaciones que viven. Además, aprenden a identificar las distintas emociones, a diferenciar qué está bien y qué no, a buscar soluciones y a entender las consecuencias de sus actos.

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