Hay opiniones y consejos de todo tipo para ayudar a los padres de manera que este cambio no resulte conflictivo ni para ellos ni para el niño. Casi todos coinciden en que no hay una edad concreta, pues depende de la maduración física y psicológica de cada uno.

Por norma general, la mayoría de los niños consiguen el control diurno de sus esfínteres entre los 18 y 36 meses, en tanto que adquieren el control nocturno entre los tres y cinco años de edad.

Cuando se toma la decisión de decir adiós al pañal, los padres han de tener claro que no hay vuelta atrás, ni en casa ni fuera de ella. Avanzar y retroceder, usando de nuevo el pañal en diferentes ocasiones, solo creará confusión en el pequeño y demorará el aprendizaje.

 

Cómo saber que es el momento propicio

Muchos padres esperan al verano debido a que el buen tiempo facilita las cosas y en general se pasa más tiempo con los pequeños, pero cada cual debe atender a las señales de su hijo para saber cuándo es el momento adecuado.

Entre estos indicios, pueden estar:

  • Hace más de seis meses que anda.
  • Distingue si el pañal está limpio o mojado.
  • Hace notar que se siente incómodo con el pañal sucio.
  • Comienza a expresar con alguna palabra o gesto que tiene ganas de orinar o defecar (hace muecas, se agarra el pañal, se balancea, cruza las piernas…). Esto significa que el niño ya es consciente del cambio que se está produciendo en su cuerpo y es capaz de contenerse. Un niño que no controla sus esfínteres no da señal alguna y simplemente mancha el pañal con naturalidad.
  • Es capaz de bajarse y subirse los pantalones, leotardos o faldita sin ayuda.
  • Sabe para qué se utiliza el baño y muestra interés, imitando en ocasiones a los adultos.

Llegado el momento, una buena manera de implicar al niño es explicarle claramente lo que se espera que haga y por qué; escoger y comprar con él su orinal o adaptador para el inodoro; dejar que se familiarice con él como si se tratara de un nuevo juguete, explicarle para qué sirve, plantear un juego en el que enseña a su peluche favorito cómo ir al baño solito, mostrarle la ropa interior que reemplazará el pañal... Y, por supuesto, mucha paciencia y comprensión.

Y llegó el gran día...

Una buena forma de empezar es elegir un fin de semana en el que tanto papá como mamá estén en casa con tiempo disponible. Al retirarle el pañal:

  • Es aconsejable sentarlo en el orinal cada una o dos horas durante cinco minutos. Podemos leerle un cuento mientras espera para que no se impaciente. 
  • Si no hace nada, no importa, nada de regañinas, se le ayuda a vestirse de nuevo y se espera otro rato. Si, por el contrario, sí hace algo, se le felicita. Le explicamos cómo debe limpiarse, le animamos a tirar de la cisterna (si utiliza un adaptador de taza) y le ayudamos a lavarse las manos.
  • Hay que insistir para inculcar la costumbre, pero sin agobiar o podemos hacer que le tome aversión.
  • Conforme se vaya acostumbrando a hacer sus necesidades por sí mismo, podemos alargar los tiempos para llevarlo al baño hasta lograr que sea él quien lo pida. Lo importante es crear poco a poco el hábito. Cuando comience a pedirlo y llegue a la noche sin haber mojado la ropa, es bueno felicitarle y ofrecerle alguna gratificación que refuerce su comportamiento.
  • En cuanto se despierte por la mañana, acompañarle a hacer pis al baño. Lo mismo, antes de ir a dormir.
  • Los escapes involuntarios son inevitables. Debemos entender que se le escapará el pis en numerosas ocasiones durante la etapa inicial, cuando esté jugando o comiendo, por ejemplo. En estos casos, no hay que ofuscarse ni darle importancia, puesto que solo conseguiremos ponerle nervioso y crear inseguridad, cuando pretendemos todo lo contrario.
  • Al salir de casa hay que ir preparados con ropa de repuesto, toallitas húmedas y bolsas de plástico.